El reto ineludible es transformar la escuela para hacerla emocionalmente significativa e intelectualmente desafiante, convertirla en una institución capaz de convocar el deseo de aprender y de enseñar.
El texto analiza las posibilidades que se abren con este conjunto de habilidades en las prácticas reales y reflexiona cómo abordar aquellas que aún no se reconocieron ni nombraron, pero que seguramente emergerán en las próximas décadas.